lunes, 25 de junio de 2012

La educación tóxica

Bernardo Stamateas, en dos libros muy recomendables, habla de gente tóxica y de emociones tóxicas.

La gente tóxica son aquellas personas de nuestro alrededor que nos hacen daño, que nos perjudican, que pueden llegar a arruinarnos la existencia; y, por tanto, tenemos que aprender a apartarlas de nuestra vida.

Las emociones tóxicas son aquellos sentimientos a los que nos aferramos a pesar de que nos hacen daño, que nos frenan en nuestro desarrollo personal; y, por ese motivo, debemos ser capaces de apartarlos de nuestro lado.

Del mismo modo podríamos denominar como educación tóxica a aquella forma de enseñar, aquella metodología a la que nos aferramos a pesar de saber que nos impide conseguir nuestros objetivos educativos, que no da respuesta a las necesidades de nuestros alumnos, ni de la sociedad y que, para colmo, obtiene unos altísimos porcentajes de abandono escolar (el mal llamado fracaso escolar). Deberíamos ser capaces de apartarnos de este tipo de educación.

La resistencia al cambio, el miedo a la innovación, la comodidad y el desánimo provocado por las malas políticas educativas (recortes de sueldo, recortes de recursos) son los mejores amigos de la educación tóxica. A todo esto deberíamos sumarle una pésima formación inicial del profesorado y una muy deficiente formación continua, con lo que el coctel es explosivo: profesores nada emprendedores, muy poco dispuestos a complicarse la vida.

En estos tiempos de "educación líquida" necesitamos una forma de enseñar que no sea tóxica, que produzca alumnos preparados para aprender por ellos mismos y con una buena disposición para adaptarse a los cambios. Necesitamos un sistema educativo capaz de crear ciudadanos críticos y creativos, capaz de dar respuesta a las necesidades de la sociedad digital en la que vivimos.

Imaginemos el aprendizaje no tóxico como si fuese un río. En su nacimiento (los primeros años de vida hasta la juventud), la corriente del río es muy fuerte y el caudal escaso. Forma rápidos y remolinos, y arrastra gran cantidad de piedras y tierra. Puede con todo, es la base de lo que será el río adelante. En su curso medio, el río discurre plácidamente, formando meandros, aumentando su caudal al recoger el agua de otros ríos o afluentes. Es el momento de recoger los frutos. En su desembocadura, el río alcanza el mar dando por finalizado su ciclo, su vida.

Es el ejemplo perfecto de la educación continua. Primero es intensa, casi abrumadora, arrolladora. Luego, con el paso de los años, discurre plácidamente haciendo acopio de la sabiduría que le llega de otros ríos. Al final, se cierra el ciclo, al alcanzar el mar.

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